lunes, 12 de mayo de 2008

El valor de la inteligencia emocional

Todo comenzó con una serie de estudios sobre la inteligencia emocional, los cuales indicaron que muchas veces no son los intelectualmente más brillantes quienes alcanzan mayores éxitos, ni en el mundo empresarial ni en su vida particular.


La ciencia moderna viene demostrando todos los días que es la inteligencia emocional, no el CI o la mera potencia intelectual, lo que determina muchas de las mejores decisiones, las organizaciones más dinámicas y rentables, y las vidas más satisfactorias y triunfantes.

Viene de antiguo la consideración de las emociones como algo tan profundo y poderoso, el espíritu que nos mueve.

Las emociones son la fuente más poderosa de la energía humana, la autenticidad, la capacidad de obrar, y además un manantial posible de sabiduría intuitiva.

Por supuesto no todo consiste en limitarse a tener sentimientos. La inteligencia emocional requiere que aprendamos a reconocerlos y a valorarlos, así en nosotros mismos como en los demás, y que reaccionemos adecuadamente a ellos aplicando eficazmente la información y la energía de las emociones a nuestra vida cotidiana y nuestro trabajo. De manera que una definición más completa sería ésta:


La inteligencia emocional es la aptitud para captar, entender y aplicar eficazmente la fuerza y la perspicacia de las emociones en tanto que fuente de energía humana, información, relaciones e influencia.

Las emociones son el manantial primario de la motivación, la información (feedback), el ascendiente personal, la innovación y la influencia. En muchos casos las emociones no contradicen el buen juicio ni el raciocinio, sino que lo inspiran y lo vivifican, por ello resultan indispensables para el éxito y la rentabilidad.

Todo lo que nos sucede, si verdaderamente nos importa,
suscita emociones. Absolutamente todo.


La inteligencia emocional está constituida por cuatro pilares fundamentales:

  1. Alfabetización emocional. Ser auténtico y coherente con uno mismo construye el poder personal: incluyendo la lucidez, la orientación interior, el respeto, la responsabilidad y la conexión.
  2. Agilidad emocional. Ser claro y avanzar siempre: Construye inspiración, en uno mismo y en los demás, con autenticidad, flexibilidad, y relaciones de confianza.
  3. Profundidad emocional. Construye el núcleo del carácter y la influencia, y pone en juego potencial, integridad y finalidad.
  4. Alquimia emocional. Captar oportunidades y crear el futuro construye confluencia: lo que comprende la innovación intuitiva, la transformación situacional, la inteligencia fluida.





ALGUNAS REFLEXIONES

“Querer es poder”.


En el desempeño de cualquier actividad en la vida no basta con :

Saber. Contar con capacidades para adquirir y procesar información. Asimilar y acomodar conocimientos.

Saber hacer. Expresar y aplicar esos conocimientos, con adecuados criterios de realización, en la resolución de los problemas que se nos presenten a diario.

Es necesario:

“Querer hacer”. Poner el corazón en esa actividad. Implicarnos emocionalmente, luchar por conseguir desempeñarla de la mejor forma que sabemos y disfrutar con su desempeño.

El “saber”, “saber hacer” y, sobre todo, “querer hacer” nos llevará a poder conseguir lo que nos propongamos. Además, todo ello, contribuirá a que seamos personas competentes y flexibles con nosotros mismos y con los demás, sin miedos que coarten nuestra libertad y la de los demás.

De este modo, lograremos una satisfacción personal que sabremos irradiar y contagiar a los que nos rodean. Y, sin lugar a dudas, estaremos en el camino que, día a día y paso a paso, nos conducirá hacia la excelencia.