domingo, 31 de agosto de 2008

el movimiento de la piruleta

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¡El enorme poder de lo simple!


Regala piruletas, relaga un corazón de caramelo.
La gente lo está pidiendo a gritos, los niños y niñas que llevamos dentro necesitan un dulce.
Quieren actuar sin que nuestra cabezota les ponga barreras.
Vamos a acordarnos un poco más de ellos, son parte de nosotros...
Conócete, date a conocer.

¡Endúlzale la vida a la gente!



"El amor es la única cosa que crece cuando se reparte"

Antoine de Saint-Exupéry

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sábado, 30 de agosto de 2008

La invitación

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No me interesa saber cómo te ganas la vida. Quiero saber lo que ansías, y si te atreves a soñar con lo que tu corazón anhela.

No me interesa tu edad. Quiero saber si te arriesgarías a parecer un tonto por amor, por tus sueños, por la aventura de estar vivo.

No me interesa qué planetas están en cuadratura con tu Luna. Quiero saber si has llegado al centro de tu porpia tristeza, si las traiciones de la vida te han abierto o si te has marchitado y cerrado por miedo a nuevos dolores. Quiero saber si puedes vivir con el dolor, con el mío o el tuyo, sin tratar de disimularlo, de atenuarlo ni de remediarlo.


Quiero saber si puedes experimentar con plenitud la alegría, la mía o la tuya, si puedes bailar con frenesí y dejar que el éxtasis te penetre hasta la punta de los dedos de los pies y las manos sin que tu prudencia nos llame a ser cuidadosos, a ser realistas, a recordar las limitaciones propias de nuestra condición humana.


No me interesa saber si lo que me cuentas es cierto. Quiero saber si puedes decepcionar a otra persona para ser fiel a ti mismo; si podrías soportar la acusación de traición y no traicionar a tu propia alma (...).

Quiero saber si puedes ver la belleza, aun cuando no sea agradable, cada día, y si puedes hacer que tu propia vida surja de su presencia.

Quiero saber si puedes vivir con el fracaso, el tuyo y el mío, y de pie en la orilla del lago gritarle a la plateada forma de la luna llena: "¡Sí!".


No me interesa saber dónde vives ni cuánto dinero tienes. Quiero saber si puedes levantarte después de una noche de aflicción y desesperanza, agotado y magullado hasta los huesos, y hacer lo que sea necesario para alimentar a tus hijos.


No me interesa saber a quién conoces ni cómo llegaste hasta aquí. Quiero saber si te quedarás en el centro del fuego conmigo y no lo rehuirás.


No me interesa saber ni dónde ni cómo ni con quién estudiaste. Quiero saber lo que te sostiene, desde el interior, cuando todo lo demás se derrumba.


Quiero saber si puedes estar solo contigo y si en verdad aprecias tu propia compañía en momentos de vacío.

Oriah Mountain Dreamer

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viernes, 29 de agosto de 2008

Sabes quién soy...

*

Estaba allí desde el primer momento,
en la adrenalina
que circulaba por las venas de tus padres
cuando hacían el amor para concebirte,
y después en el fluido
que tu madre bombeaba a tu pequeño corazón
cuando todavía eras solo un parásito.

Llegué a ti antes de que pudieras hablar,
antes aun de que pudieras entender algo
de lo que los demás te decián.
Estaba ya cuando torpemente
intentabas dar tus primeros pasos
ante la mirada burlona y divertida de todos.
Cuando estabas desprotegido y expuesto,
cuando eras vulnerable y necesitado.

Aparecí en tu vida
de la mano del pensamiento mágico:
me acompañaban...
las supersticiones y los conjuros,
los fetiches y los amuletos...
las buenas formas, las costumbres y la tradición...
tus maestros, tus hermanos y tus amigos...

Antes de que supieras que yo existía
dividí tu alma en un mundo de luz y uno de oscuridad.
Un mundo de lo que está bien y otro de lo que no lo está.

Yo te traje tus sentimientos de vergüenza,
te mostré todo lo que hay en ti de defectuoso,
de feo,
de estúpido,
de desagradable.
Yo te colgué la etiqueta de "diferente"
como te dije por primera vez al oído
que algo no andaba del todo bien en tí.

Existo desde antes de la conciencia,
desde antes de la culpa,
desde antes de la moralidad,
desde los principios del tiempo,
desde que Adán se avergonzó de su cuerpo
al notar que estaba desnudo...
¡y lo cubrió!

Soy el invitado no querido,
el visitante no deseado,
y sin embargo
soy el primero en llegar y el último en irme.
Me he vuelto poderoso con el tiempo
escuchando los consejos de tus padres sobre cómo
triunfar en la vida.

Observando los preceptos de tu religión,
que te dicen qué hacer y qué no hacer
para poder ser aceptado por Dios en su seno.
Sufriendo las bromas crueles
de tus compañeros de colegio
cuando se reían de tus dificultades.
Soportando las humillaciones de tus superiores.
Contemplando tu desgarbada imagen en el espejo
y comparándola después con las de los "famosos"
que salen por televisión.

Y ahora, por fin,
poderoso como soy
y por el simple hecho
de ser mujer,
de ser negro,
de ser judío,
de ser homosexual,
de ser oriental,
de ser discapacitado,
de ser alto, bajito o gordo...
puedo transformarte
en un montón de basura,
en escoria,
en un chivo expiatorio,
en el responsable universal,
en un maldito
bastardo desechable.

Generaciones y generaciones de hombres y mujeres
me apoyan.
No puedes librarte de mí.

La pena que causo es tan insostenible
que para soportarme
deberás pasarme a tus hijos,
para que ellos me pasen a los suyos
por los siglos de los siglos.

Para ayudarte a ti y a tu descendencia
me disfrazaré de perfeccionismo,
de altos ideales,
de autocrítica,
de patriotismo,
de moralidad,
de buenas costumbres,
de autocontrol.

La pena que te causo es tan intensa
que querrás negarme
y, para eso,
intentarás esconderme detrás de tus personajes,
detrás de las drogas,
detrás de tu lucha por el dinero,
detrás de tus neurosis,
detrás de tu sexualidad indiscriminada.
Pero no importa lo que hagas,
no importa adónde vayas.
Yo estaré allí,
siempre allí.
Porque viajo contigo
día y noche
sin descanso,
sin límites.

Yo soy la causa principal de la dependencia,
de la posesividad,
del esfuerzo,
de la inmoralidad,
del miedo,
de la violencia,
del crimen,
de la locura.

Yo te enseñé el miedo a ser rechazado
y condicioné tu existencia a ese miedo.
De mí dependes para seguir siendo
esa persona buscada, deseada,
aplaudida, gentil y agradable
que hoy muestras a los demás.
De mi dependes
porque yo soy el baúl en el que has escondido
aquellas cosas más desagradables,
más ridículas,
menos deseables de ti mismo.

Gracias a mí
has aprendido a conformarte
con lo que la vida te da,
porque, después de todo,
cualquier cosa que vivas será siempre más
de lo que crees que mereces.

Has adivinado, ¿verdad?

Soy el sentimiento de rechazo que sientes hacia ti mismo.

SOY... EL SENTIMIENTO DE RECHAZO
QUE SIENTES HACIA TI MISMO.

Recuerda nuestra historia...


Todo empezó aquel día gris
en que dejaste de decir orgulloso:
"¡YO SOY!".
Y, entre avergonzado y temeroso,
bajaste la cabeza
y cambiaste tus palabras y actitudes
por un pensamiento:
"YO DEBERÍA SER...".


Jorge Bucay

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martes, 26 de agosto de 2008

La lluvia nunca vuelve hacia arriba

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Canción que había oído hace mucho pero que escuché hace poco...

Alegría, disfrutadla!! =)





Aunque el mar vuelve nunca es el mismo mar
La tierra nos devuelve otro sol cuando gira
Y todo tiende a huir y vuelve a empezar
Y cambia de impresión cada vez que respira

Y nadie sabe si esta vez es la vez
Y todo lo que un día ocurrió se termina
Y casi siempre todos quieren correr
Pero hay que estar atento porque el mar se vacía

La lluvia nunca vuelve hacia arriba

Y si estuviste ahora luego no estás
Y nunca más te ví y no fui nada en tu vida
Y si no dudas todo puede pasar
Y si no pasa siempre sana la herida

La lluvia nunca vuelve hacia arriba

No lo pienses mucho más
No pienses mucho más
Saltar

No pienses tanto lo que debes hacer
El tiempo corre y luego es ave perdida

La lluvia nunca vuelve hacia arriba

Hay una luz tras los que vienen y van
Y hay una sombra en los que buscan guarida

La lluvia nunca vuelve hacia arriba


Pedro Guerra

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jueves, 14 de agosto de 2008

Comienza la aventura...

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"La noite tiene los minutos contados. Miles de Meigas se apresuran para refugiarse en los rincones más oscuros de las fragas galegas. Las olas de niebla llegan a las orillas de los albergues jacobeos. Las literas quedan vacias de nuevo. El peregrino calza sus botas y echa a andar. Como ayer. Como mañana. Destino: Santiago de Compostela."


Mañana comienza la aventura, comienza el viaje, un viaje que estoy seguro que no será únicamente de kilometros, y donde, gracias a unos artilugios que me acompañarán, espero llegar a otros lugares además de Santiago.

Creo que cada persona o cada amigo tiene un lugar "asociado" al cual sería fantástico viajar con el, y aunque me gustaría compartir este viaje con mucha mas gente, me voy contento porque se que los compañeros que llevo son perfectos para la ocasión.

Traeré buenas nuevas a la vuelta ;)

Grandes abrazos a todos!!

A muchos os llevaré conmigo colgados de mi pañoleta =)



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menomena

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brillante =)

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miércoles, 13 de agosto de 2008

microcuentos

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SUEÑOS

-Entonces, ¿cómo podemos saber que no es un sueño? -decía Ana mirando fijamente la taza de café.

-Porque en los sueños no existen las dudas. Las cosas son por el mero hecho de ser. No importa lo raras que parezcan. -Andrés estaba totalmente convencido de su discurso y sonreía mientras ella le decía que le amaba.

No le dio tiempo a besarla, el despertador sonó en ese momento. Andrés abrió los ojos preguntándose si Ana realmente le quería o no.

Niñocactus


SUEÑOS II

-Entonces, ¿cómo podemos saber que no es un sueño? -dice Ana.
Pero la respuesta siempre queda incompleta por el timbre del reloj. Hasta que un día decide no poner la alarma y justo, en el mismo instante de siempre, se despierta.

Niñocactus


SUEÑOS III

-Entonces, ¿cómo podemos saber que esto no es un sueño?- decía Ana.

-No podemos –respondía Andrés. –Pero si es un sueño yo te olvidaré porque nunca los recuerdo al despertar.

Y así ocurría cada noche cuando Ana iba a su encuentro y Andrés se presentaba como si nunca antes la hubiese visto.

Niñocactus


CUENTO CLÁSICO

El Bello Insomne sólo necesitaba un beso para quedarse dormido.

Niñocactus


EL ESCONDITE

Primero le tocó esconderse al joven. Tenía tantas ganas de ser encontrado que dejó que las huellas y sus risas le guiasen rápido hasta él.
Luego le llegó el turno al Amor..., y el joven aún sigue buscando.

Niñocactus


PALABRAS

Él no lo sabía pero allí, escondidas en el libro, aguardaban las palabras que le diría la primera vez que la viese. Y después de aquellas, todas las demás, siempre nuevas, a ratos inventadas con guiños y besos... Y él, ingenuo, sin saberlo al comenzar... "¿Encontraría a la Maga?"

Niñocactus


TODA UNA VIDA

Vivió toda su vida en aquellos tres meses. Cuando acabaron preparó una pequeña maleta con lo imprescindible y marchó a la orilla del mar. Ahora sonríe mientras espera.

Niñocactus


LEGADOS

Coleccionaba sueños.


En pequeños tarritos de cristal.


Los guardaba nada más levantarse, cuando lo soñado aún estaba fresco y era capaz de recordar todos los detalles.


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Los depositaba en el interior con delicados susurros, como si temiera que, de levantar la voz, el sueño pudiera echar a volar.


Cuando había acabado, cerraba el frasco con un tapón de corcho y le ponía una etiqueta con una pequeña descripción del contenido.


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Las pesadillas, las guardaba en frascos opacos.


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Había noches, algunos años después, en que le apetecía revivir alguna ensoñación. Entonces abría el armario en que guardaba su enorme colección, rebuscaba en la balda adecuada y escogía el sueño que quería repetir.


Lo metía debajo de la almohada y así, esa noche, renacía el sueño que había tenido mucho tiempo atrás.


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De pequeño, yo solía escabullirme y meterme entre sus sábanas, lo más pegado posible a él. Así, algunas veces, cuanto el sueño era lo suficientemente intenso llegaba, también, a mi dormir.


El destino quiso que muriera sin grandes riquezas ni posesiones, sin embargo, a sus nietos, nos dejó el mejor de los legados: todos los sueños, intactos, que había tenido a lo largo de su vida.

Ning1



QUERENCIA

Lo supo la noche que escuchó el oleaje, había nacido para el mar. A la mañana siguiente se embarcó hacia el inmenso azul. Ahora sonríe de noche mientras sueña, en secreto, la arena bajo sus pies.

Niñocactus


Todos estos cuentos han sido extraídos del blog 'Borrón y cuento nuevo', del cual recomiendo mucho muchísimo su lectura. (Se encuentra enlazado en el apartado de Pensamientos ajenos de este mismo blog).

Esta es tan solo una pequeña selección de algunos de mis favoritos. Que los disfruteis =)


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martes, 12 de agosto de 2008

lunes, 11 de agosto de 2008

relojes...

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PREÁMBULO A LAS INSTRUCCIONES PARA DAR CUERDA AL RELOJ

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felicies y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito deseperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.



INSTRUCCIONES PARA DAR CUERDA AL RELOJ

Allá en el fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan. ¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que puedo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus pequeños rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.


Julio Cortázar



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viernes, 8 de agosto de 2008

Lo que sea...

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Por favor, suban el volumen de su reproductor. GRacias! =)


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Marco! ;P

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martes, 5 de agosto de 2008

El círculo del noventa y nueve

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Había una vez un rey muy triste que tenía un criado que, como todo criado de rey triste, era muy feliz.

Todas las mañanas despertaba al rey y le llevaba el desayuno cantando y tarareando alegres canciones de juglares. En su distendida cara se dibujaba una gran sonrisa y su actitud ante la vida era siempre serena y feliz.

Un día, el rey lo mandó llamar.

-Paje –le dijo-. ¿Cuál es el secreto?

-¿Qué secreto, majestad?

-¿Cuál es el secreto de tu alegría?

-No hay ningún secreto, majestad.

-No me mientas, paje. He ordenado cortar cabezas por ofensas menores que una mentira.

-No os miento, majestad. No guardo ningún secreto.

-¿Por qué estás siempre alegre y feliz? ¿Eh? ¿Por qué?

-Señor, no tengo razones para estar triste. Su majestad me honra permitiéndome atenderle. Tengo a mi esposa y a mis hijos viviendo en la casa que la corte nos ha asignado. Nos visten y nos alimentan y, además, su majestad me premia de vez en cuando con algunas monedas para darnos algún capricho. ¿Cómo no voy a ser feliz?

-Si no me dices tu secreto ahora mismo, te haré decapitar –dijo el rey-. Nadie puede ser feliz por las razones que me has dado.

-Pero, majestad, no hay ningún secreto. Nada me gustaría más que complaceros, pero no hay nada que os esté ocultando.

-Vete, ¡vete antes de que llame al verdugo!

El criado sonrió, hizo una reverencia y salió de la habitación.

El rey estaba como loco. No conseguía explicarse por qué aquel paje era tan feliz viviendo de prestado, usando ropa vieja y alimentándose de las sobras de los cortesanos.

Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus consejeros y le explicó la conversación que había mantenido aquella mañana.

-¿Por qué ese hombre es feliz?

-Ah, majestad, lo que sucede es que él está fuera del círculo.

-¿Fuera del círculo?

-Así es.

-¿Y eso lo hace feliz?

-No, señor. Eso es lo que no le hace infeliz.

-A ver si entiendo. ¿Estar en el círculo te hace infeliz?

-Así es.

-Y él no está.

-Así es.

-¿Y cómo ha salido?

- Nunca ha entrado.

-¿Qué círculo es ése?

-El círculo del noventa y nueve.

-Realmente, no entiendo nada.

-Sólo podrías entender si me dejaras mostrártelo con hechos.

-¿Cómo?

-Dejando que tu paje entre en el círculo.

-Sí, obliguémosle a entrar.

-No, majestad. Nadie puede obligar a nadie a entrar en el círculo.

-Entonces habrá que engañarle.

-No hace falta, majestad. Si le damos la oportunidad, entrará por su propio pie.

-¿Pero él no se dará cuenta de que eso significa convertirse en una persona infeliz?

-Sí, se dará cuenta.

-Entonces no entrará.

-No lo podrá evitar.

-¿Dices que se dará cuenta de la infelicidad que le causará entrar en ese ridículo círculo y, aun así, entrará en él y no podrá salir?

-Así es, majestad. ¿Estás dispuesto a perder un excelente sirviente para poder entender la estructura del círculo?

-Sí.

-Muy bien. Esta noche te pasaré a buscar. Debes tener preparada una bolsa de cuero con noventa y nueve monedas de oro. Ni una más ni una menos.

-¿Qué más? ¿Llevo a mis guardias por si acaso?

-Sólo la bolsa de cuero. Hasta esta noche, majestad.

-Hasta esta noche.

Así fue. Esa noche el sabio pasó a recoger al rey. Juntos llegaron a escondidas a los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa del paje. Allí esperaron el alba.

Dentro de la casa se encendió la primera vela. El sabio ató a la bolsa de cuero un mensaje que decía:

ESTE TESORO ES TUYO.

ES EL PREMIO

POR SER UN BUEN HOMBRE.

DISFRÚTALO

Y NO LE DIGAS A NADIE

COMO LO HAS ENCONTRADO.


Después ató la bolsa a la puerta de la casa del criado, llamó y volvió a esconderse.


Cuando el paje salió, el sabio y el rey espiaban lo que ocurría desde detrás de unos matorrales.


El sirviente vio la bolsa, leyó el mensaje, agitó el saco y, al oír el sonido metálico que salía de su interior, se estremeció, apretó el tesoro contra su pecho, miró a su alrededor para comprobar que nadie le observaba y volvió a entrar en su casa.


Desde fuera se oyó cómo el criado atrancaba la puerta, y los espías se asomaron a la ventana para observar la escena.


El criado había tirado al suelo todo lo que había sobre su mesa excepto una vela. Se había sentado y había vaciado el contenido del saco. Sus ojos no podían creer lo que estaban viendo.


¡Era una montaña de monedas de oro!


Él, que nunca había tocado ninguna, tenía ahora toda una montaña.


El paje las tocaba y amontonaba. Las acariciaba y hacía que la luz de la vela brillara sobre ellas. Las juntaba y las desparramaba, haciendo pilas con ellas.


Así, jugando y jugando, empezó a hacer montones de diez monedas. Un montón de diez, dos montones de diez, tres montones, cuatro, cinco, seis… Mientras, sumaba: diez, veinte, treinta, cuarenta, cincuenta, sesenta… Hasta que formó el último montón… ¡y era de nueve monedas!


Primero su mirada recorrió la mesa, buscando una moneda más. Después miró el suelo y, finalmente, la bolsa.


"No puede ser", pensó. Puso el último montón al lado de los otros y comprobó que era más bajo.


-¡Me han robado! –gritó-. ¡Me han robado! ¡Malditos!


Volvió a buscar sobre la mesa, por el suelo, en la bolsa, en sus ropas, en sus bolsillos, debajo de los muebles… Pero no encontró lo que buscaba.


Sobre la mesa, como burlándose de él, un montoncito de monedas resplandeciente le recordaba que había noventa y nueve monedas de oro. Sólo noventa y nueve.


"
Noventa y nueve monedas. Es mucho dinero –pensó-. Pero me falta una moneda. Noventa y nueve no es un número completo –pensaba-. Cien es un número completo, pero noventa y nueve no."


El rey y su asesor miraban por la ventana. La cara del paje ya no era la misma. Tenía el ceño fruncido y los rasgos tensos. Sus ojos se habían vuelto pequeños y cerrados, y su boca mostraba un horrible rictus a través del cual asomaban sus dientes.


El sirviente guardó las monedas en la bolsa y, mirando hacia todas partes para comprobar que no le viera nadie de la casa, escondió la bolsa entre la leña. Después tomó papel y pluma y se sentó a hacer cálculos.


¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar el sirviente para comprar su moneda número cien?


El criado hablaba solo, en voz alta.


Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla. Después, quizá no necesitaría volver a trabajar.


Con cien monedas de oro, un hombre puede dejar de trabajar.


Con cien monedas un hombre es rico.


Con cien monedas se puede vivir tranquilo.


Terminó su cálculo. Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que pudiera recibir, en once o doce años tendría lo necesario para conseguir otra moneda de oro.


"Doce años es mucho tiempo", pensó.


Quizá pudiera pedirle a su esposa que buscara trabajo en el pueblo durante un tiempo. Y, después de todo, él mismo terminaba su trabajo en el palacio a las cinco de la tarde, de manera que podría trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por ello.


Hizo cuentas: sumando su trabajo en el pueblo y el de su esposa, en siete años podría reunir el dinero.


¡Era demasiado tiempo!


Quizá pudiera llevar al pueblo la comida que les sobraba todas las noches y venderla por unas monedas. De hecho, cuanto menos comieran, más cantidad podrían vender.


Vender, vender…


Estaba haciendo calor. ¿Para qué querían tanta ropa de invierno? ¿Para qué tener más de un par de zapatos?


Era un sacrificio. Pero en cuatro años de sacrificio conseguiría su moneda número cien.


El rey y el sabio volvieron al palacio.


El paje había entrado en el círculo del noventa y nueve…

Durante los meses siguientes, el sirviente siguió sus planes tal como los había concebido aquella noche. Una mañana, el paje entró en la alcoba real golpeando la puerta, refunfuñando y de malas pulgas.

-¿Qué te pasa? –preguntó el rey con buenas maneras.

-No me pasa nada, no me pasa nada.

-Antes, no hace mucho, reías y cantabas constantemente.

-Hago mi trabajo, ¿verdad? ¿Qué quiere su majestad? ¿Qué sea su bufón y su juglar también?

No pasó mucho tiempo hasta que el rey despidió al sirviente. No era agradable tener un paje que siempre estaba de mal humor.


Reflexión:

Hace poco descubrí este cuento y pensé:


Vosotros, yo y todos nosotros hemos sido educados en esta estúpida ideología. Siempre nos falta algo para estar satisfechos, y sólo satisfecho se puede gozar de lo que se tiene.


Por lo tanto, hemos aprendido que la felicidad llegará cuando completemos lo que nos falta…


Y como siempre nos falta algo, la idea vuelve al principio y nunca se puede gozar de la vida…

Pero qué pasaría

Si la iluminación llegara a nuestras vidas

y nos diéramos cuenta, así, de golpe,

de que nuestras noventa y nueve monedas

son el cien por cien del tesoro.

Que no nos falta nada,

que nadie nos ha quitado nada,

que no es más redondo el número cien

que el noventa y nueve.

Que eso es sólo una trampa,

una zanahoria que han puesto ante nosotros

para que seamos estúpidos,

para que tiremos del carro,

cansados, malhumorados,

infelices y resignados.

Una trampa para que nunca dejemos de empujar

y para que todo siga igual.

¡Eternamente igual!

Cuántas cosas cambiarían

si pudiésemos disfrutar

de nuestros tesoros tal como son.

Pero ojo, chicos. Reconocer que en noventa y nueve hay un tesoro, no significa que debas abandonar tus objetivos. No quiere decir que tengas que conformarte con cualquier cosa.

Porque aceptar es una cosa y resignarse es otra.

Pero eso es parte de otro cuento.



Jorge Bucay


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lunes, 4 de agosto de 2008